La clase media argentina atraviesa uno de sus momentos más delicados desde la salida de la pandemia. Un nuevo relevamiento privado, basado en datos oficiales recientes, advierte que más de la mitad de los hogares de ingresos medios debió recurrir al uso de ahorros, la venta de pertenencias o la toma de deudas para poder llegar a fin de mes durante 2025.
De acuerdo con el informe, elaborado a partir de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, el 53 % de los hogares de clase media implementó algún tipo de estrategia extraordinaria para afrontar gastos corrientes. El dato no solo supera el promedio nacional, sino que incluso se ubica por encima de lo registrado en los segmentos de menores ingresos, donde el acceso al crédito formal es más limitado y las redes de contención estatal suelen ser mayores.
Dentro de ese 53 %, el estudio identifica tres mecanismos centrales. El primero es el uso directo de ahorros: alrededor del 40 % de los hogares relevados declaró que debió recurrir de forma recurrente a depósitos bancarios, plazos fijos o reservas en moneda extranjera para pagar servicios, alquiler, alimentos o cuotas de colegios y prepagas. El segundo mecanismo, más extremo, fue la venta de bienes personales, desde electrodomésticos hasta vehículos, que alcanzó a casi uno de cada diez hogares. El tercero fue el endeudamiento mediante tarjetas de crédito, préstamos personales o financiación a través de fintech y comercios.
Según los especialistas consultados por el sector privado que realizó el estudio, el deterioro de la clase media se explica por una combinación de factores que se fueron acumulando en los últimos años: salarios que pierden frente a la inflación, subas de tarifas que encarecen los servicios públicos, alquileres que consumen una porción creciente del ingreso y un costo de financiamiento cada vez más elevado para quienes se atrasan en el pago de sus tarjetas o créditos.
El informe también advierte que la presión económica sobre los hogares medios no se limita a los grandes centros urbanos. En varias ciudades del interior, donde el empleo privado está concentrado en pocos sectores, los ajustes en la industria, el comercio y la construcción se traducen en jornadas reducidas, suspensiones y cancelación de horas extras. Esta combinación impacta en los ingresos mensuales, mientras que el costo de la canasta básica y de los servicios se mueve en sentido contrario.
Otro dato relevante tiene que ver con la estructura del endeudamiento. El estudio señala que una proporción creciente de familias de clase media recurre a líneas de crédito de corto plazo, muchas veces a tasas variables y con costos financieros totales que se encarecen si hay atrasos o refinanciaciones. En paralelo, gana terreno el uso de cuentas en plataformas digitales y billeteras virtuales que ofrecen adelantos de sueldo o líneas de consumo inmediato, lo que facilita el acceso a dinero rápido pero puede derivar en una acumulación de pasivos difíciles de desarmar.
En los últimos meses, diversas organizaciones de consumidores y centros de estudio económico vienen alertando sobre el aumento de la morosidad en tarjetas y préstamos y sobre el crecimiento de los atrasos en el pago de expensas, servicios y cuotas educativas. El trabajo sobre la clase media confirma esa tendencia y describe un cambio de hábitos: muchos hogares recortan salidas, vacaciones y consumo cultural, pero aun así no logran recomponer el nivel de ahorro previo ni reducir el peso de las deudas.
El diagnóstico plantea un desafío para la política económica. Por un lado, porque la clase media ha sido históricamente un motor del consumo interno, de la inversión en educación y de la movilidad social ascendente. Por otro, porque la persistencia de esta situación puede profundizar la sensación de inestabilidad y desaliento, en especial entre trabajadores calificados, profesionales independientes y pequeños comerciantes que sienten que, aun con empleo, no logran sostener el nivel de vida que tenían hace algunos años.
El relevamiento incluye recomendaciones generales, entre ellas la necesidad de mejorar los ingresos reales, fortalecer las políticas de protección del empleo, revisar la estructura de tarifas y ampliar los programas de educación financiera para que más familias puedan administrar mejor el uso del crédito y reconstruir gradualmente su colchón de ahorro. También subraya que, sin un sendero de estabilidad macroeconómica, la capacidad de la clase media para recuperar su rol histórico en la economía seguirá siendo limitada.
Mientras tanto, los datos actúan como una nueva señal de alerta: una parte creciente de los hogares que tradicionalmente funcionaban como sostén del mercado interno hoy viven mes a mes, ajustando gastos, agotando ahorros y acumulando deudas para atravesar un contexto económico que se mantiene incierto.