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El Gobierno diseña un cronograma de compras de reservas del BCRA a pedido del FMI

El Gobierno nacional y el Banco Central avanzan en el diseño de un cronograma de compras de reservas en el mercado cambiario, en línea con un pedido formal del Fondo Monetario Internacional. El esquema busca darle mayor previsibilidad a la acumulación de dólares, ordenar la intervención oficial y enviar una señal de estabilidad a los operadores financieros, luego de varias semanas de tensión cambiaria.

De acuerdo con fuentes oficiales, la autoridad monetaria trabajará con un rango de compras diarias y semanales previamente acordado, que se activará siempre que las condiciones del mercado lo permitan. El objetivo es dejar atrás una lógica de intervenciones discrecionales y avanzar hacia un sendero gradual de fortalecimiento de reservas, compatible con las metas de programa que el país mantiene con el organismo internacional.

El nuevo esquema se discutió en las últimas reuniones técnicas entre el equipo económico y el staff del organismo, que venía insistiendo en la necesidad de contar con un marco más previsible para la política cambiaria. La intención oficial es publicar los lineamientos generales del cronograma en los próximos días, de manera que los bancos, las empresas importadoras y los inversores puedan incorporar esa referencia en sus decisiones de cobertura y planificación financiera.

En los despachos económicos señalan que el Banco Central seguirá alternando jornadas de compra neta con días de menor participación, según el volumen operado y la evolución de la demanda privada. La prioridad, sostienen, será evitar que la intervención oficial se interprete como una señal de fragilidad y, al mismo tiempo, aprovechar los momentos de mayor oferta de divisas para reforzar la posición de reservas sin presionar sobre las cotizaciones.

Analistas del mercado consideran que un cronograma explícito de compras puede contribuir a moderar la volatilidad cambiaria, siempre que se cumplan algunas condiciones: que los montos anunciados sean realistas, que el Central disponga de margen operativo para ejecutarlos y que no se generen expectativas de atraso cambiario. En ese sentido, advierten que el programa deberá convivir con la dinámica propia de la liquidación de exportaciones y con los pagos de deuda previstos para los próximos meses.

Desde el punto de vista político, el anuncio se inscribe en una estrategia más amplia del Gobierno para mostrar disciplina en el frente externo sin resignar capacidad de maniobra en la política doméstica. La coordinación con el Fondo busca asegurar el flujo de desembolsos comprometidos y despejar dudas sobre el cumplimiento de las metas de acumulación de reservas, uno de los capítulos más sensibles del acuerdo.

En paralelo, el Ministerio de Economía trabaja en medidas para sostener el ingreso de divisas por la vía comercial, con especial foco en las exportaciones del complejo agroindustrial y de la energía. Se analiza la posibilidad de ajustar algunos incentivos transitorios y de simplificar trámites para acelerar el acceso al mercado oficial, en un contexto en el que el Gobierno espera una mejora de la cosecha y una mayor producción de hidrocarburos respecto de los últimos años.

En el sector privado, la expectativa es que un esquema más ordenado de compras oficiales ayude a despejar la incertidumbre sobre la trayectoria de las reservas y reduzca el margen para rumores que suelen disparar movimientos bruscos en los dólares financieros. Operadores cambiarios señalan que, cuando la intervención se percibe como errática, aumentan las apuestas especulativas y se amplía la brecha entre los distintos tipos de cambio, con impacto sobre los precios internos.

La efectividad del nuevo cronograma estará condicionada por factores externos e internos: la evolución de los precios internacionales de las exportaciones argentinas, el clima político y legislativo de las próximas semanas y el comportamiento de la demanda de pesos en un contexto de inflación todavía elevada. En Economía insisten en que la acumulación de reservas no puede ser vista como un fin en sí mismo, sino como una herramienta para estabilizar expectativas y sostener un proceso de desinflación duradero.

Con este movimiento, el Gobierno busca mostrar que mantiene la iniciativa en el frente económico y que está dispuesto a adaptar su estrategia a las exigencias de los organismos internacionales, sin abandonar el objetivo de recuperar el crecimiento y aliviar las restricciones sobre la actividad privada. La reacción de los mercados en las próximas ruedas será clave para medir el grado de confianza que despierta la nueva hoja de ruta para las reservas del Banco Central.

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