Mejorar el uso del agua

07/09/2025

Introducción

En un país atravesado por ciclos de sequía y eventos hidrometeorológicos cada vez más intensos, mejorar el uso del agua dejó de ser un asunto técnico para convertirse en una política productiva, climática y social. La agricultura y las MiPyMEs del entramado agroindustrial sostienen empleo, arraigo y divisas; sin embargo, dependen de un recurso cuya disponibilidad es más variable e incierta. La pregunta estratégica, entonces, no es solo cuánta agua tendremos, sino qué tan bien la usamos en cada parcela, en cada turno de riego y en cada campaña.

Durante años, el debate público se concentró en las “grandes obras”: diques, canales y revestimientos. Son inversiones indispensables para asegurar oferta y conducción, pero no explican por sí solas por qué, aun cuando el agua llega, los rendimientos y la estabilidad de la producción no despegan. La clave está en el eslabón que menos miramos: el uso intrafinca, donde se define la uniformidad del riego, la oportunidad de la aplicación, el consumo energético por metro cúbico, la sanidad del cultivo y, en definitiva, la rentabilidad.

El cambio de paradigma es sencillo de expresar y exigente de implementar: pasar de “repartir agua” a “gestionar agua con información, tecnología y reglas claras”. Eso supone medir, programar y tecnificar. Supone, también, acompañar a los productores con financiamiento y asistencia técnica para que la adopción de equipos y buenas prácticas sea posible, rentable y sostenida en el tiempo.

¿Qué significa eficiencia hídrica intrafinca?

La eficiencia intrafinca pone el foco en todo lo que ocurre dentro del lote productivo: cómo, cuándo y cuánto se riega; con qué presión y uniformidad; qué pérdidas se producen en cabeceras, tuberías y válvulas; cómo se programa el riego según suelo, cultivo y clima; y cómo se mide ese uso para corregir a tiempo. Lejos de ser un lujo, es la condición para que cada litro aplicado se transforme en kilos de producción con el mínimo desperdicio posible.

Implica cuatro cambios culturales y tecnológicos. Primero, medir con sencillez: instalar caudalímetros, tensiómetros o sondas de humedad y llevar registros —en papel o con aplicaciones simples— para relacionar volumen aplicado con respuesta del cultivo. Segundo, automatizar lo necesario: válvulas, programadores y controladores que reduzcan el “riego por sensación” y garanticen repetibilidad. Tercero, elegir el sistema adecuado: goteo (enterrado o superficial), microaspersión, aspersión o pívot, según cultivo, textura del suelo, pendiente y disponibilidad energética. Cuarto, integrar energía y mantenimiento: bombas eficientes, variadores de frecuencia cuando corresponda y rutinas de limpieza/filtrado que aseguren la vida útil de la instalación.

No se trata de una moda tecnológica, sino de un conjunto de prácticas que elevan la productividad hídrica (más kilos por metro cúbico), estabilizan la calidad, reducen costos ocultos y fortalecen la resiliencia frente a años de bajo caudal.

Un programa que acelera la adopción tecnológica

En los primeros días de septiembre, la provincia de Mendoza presentó —junto al Consejo Federal de Inversiones (CFI), con participación del Departamento General de Irrigación (DGI) y el acompañamiento técnico del INTA— un Programa Integral para mejorar la eficiencia hídrica y fortalecer la producción. La iniciativa combina financiamiento con tasas subsidiadas y un año de gracia, asistencia técnica personalizada y capacitaciones en territorio. Su objetivo es tecnificar el riego intrafinca mediante la incorporación de sistemas de goteo, microaspersión, aspersión o pívot, perforaciones cuando sean necesarias y soluciones energéticas que mejoren la confiabilidad del bombeo.

Según lo difundido oficialmente, Mendoza será la primera provincia en implementarlo de manera integral, con vocación de replicación nacional. El enfoque es claro: el mayor impacto no provendrá únicamente de más obras aguas arriba, sino de medir y usar mejor cada litro dentro de la finca. El DGI subraya que, con buenas prácticas de riego y control de uniformidad, pueden lograrse ahorros del orden del 10–20% del recurso sin sacrificar rendimiento, una diferencia decisiva en campañas con caudales reducidos. A la vez, el Gobierno provincial plantea que este programa es una apuesta estratégica para modernizar la matriz productiva y volverla más resiliente frente a la variabilidad climática.

La combinación de crédito blando y asistencia técnica es la bisagra que faltaba: facilita la compra de equipos, asegura un diseño correcto y acompaña la puesta a punto y el mantenimiento, que suelen ser el “talón de Aquiles” de muchos proyectos de riego. Además, al involucrar a instituciones con experiencia —como el DGI y el INTA—, se fortalece el aprendizaje colectivo y la resolución de problemas en territorio.

Por qué este enfoque importa más que las grandes obras

Canales, revestimientos y diques derivadores son necesarios para garantizar oferta y conducción. Sin embargo, su impacto se multiplica cuando el agua que llega a la parcela se usa con precisión. La “llave del cambio” está en la parcela: medir, programar y tecnificar. Allí se define la uniformidad —y por lo tanto el calibre del fruto—, el estrés hídrico acumulado, la incidencia de enfermedades, el uso energético por metro cúbico y el costo de oportunidad de cada riego.

En términos de economía política, la inversión intrafinca tiene tres virtudes. Uno: es distribuida —llega a cientos de unidades productivas— y permite que el derrame ocurra en muchos territorios a la vez. Dos: es rápida de ejecutar —gran parte de las obras se concretan en semanas—, por lo que los beneficios son visibles en el corto plazo. Tres: genera aprendizaje colectivo —productores vecinos observan resultados y replican—. Con seguimiento y medición, se crea un círculo virtuoso: más datos → mejor programación → más rendimiento por litro → más capacidad de repago e inversión.

Oportunidades para productores y MiPyMEs

Más kilos por metro cúbico: la programación por demanda (y no por calendario) eleva la productividad hídrica.
• Calidad y estabilidad: riegos más cortos y frecuentes reducen estrés, mejoran calibre, color y uniformidad.
• Menos costos ocultos: baja el gasto de energía por unidad producida al reducir bombeos innecesarios y fugas.
• Planificación financiera: los créditos con tasas subsidiadas y período de gracia permiten amortizar equipos con el flujo del propio incremento de producción.
• Encadenamientos positivos: proveedores de equipos, instaladores, servicios de mantenimiento y capacitación local dinamizan economías regionales.

Los obstáculos que hay que prever (y cómo sortearlos)

1) Barrera de entrada económica: el costo inicial desalienta. Respuesta: líneas de crédito específicas, compra conjunta y bonificaciones por medición efectiva.
2) Brecha de capacidades: no alcanza con comprar; hay que diseñar, operar y mantener. Respuesta: asistencia técnica in situ y tutorías de “pares” (productores que ya tecnificaron), más manuales y protocolos simples por cultivo.
3) Medición incómoda: instalar caudalímetros y registrar datos exige disciplina. Respuesta: un tablero mínimo y obligatorio (m³ aplicados/ha, uniformidad, energía por m³) con visitas de seguimiento.
4) Riesgo de “tecnificar mal”: equipos sobredimensionados o mal instalados empeoran la situación. Respuesta: auditorías de diseño previas al desembolso y certificación de puesta en marcha.
5) Energía y costos: el bombeo puede encarecer el riego. Respuesta: bombas eficientes, variadores, curvas de rendimiento y, cuando cierre la ecuación, apoyo a energía fotovoltaica para picos diurnos.

Una hoja de ruta en cinco frentes

I. Medición y datos: instalar caudalímetros y sondas básicas; estandarizar planillas; usar indicadores simples para decidir.
II. Tecnología apropiada: elegir el sistema de riego según cultivo, suelo y pendiente; comenzar con pilotos de baja escala y escalar cuando la métrica lo justifique.
III. Energía eficiente: seleccionar bombas correctas, mantener filtros y evaluar variadores; considerar energía solar para reducir picos y asegurar continuidad.
IV. Manejo agronómico: labranza mínima, cobertura y materia orgánica para retener humedad; riego nocturno cuando sea posible; fertirrigación precisa.
V. Institucionalidad y reglas: coordinación entre DGI/consorcios/municipios; incentivos atados a medición real; transparencia en la asignación y evaluación de créditos.

Indicadores para evaluar impacto

Para que la política pública no quede en declaraciones, debe medirse. Propuesta de indicadores básicos:
• Hectáreas tecnificadas nuevas por departamento y cultivo.
• Ahorro hídrico estimado (m³) a igual rendimiento.
• Productividad hídrica (kg por m³) y valor por m³ (ingreso por metro cúbico aplicado).
• Energía por m³ bombeado y su variación interanual.
• Superficie de pequeños productores que sostienen o amplían área implantada en años de bajo caudal.
• Empleo directo e indirecto vinculado a la tecnificación y al mantenimiento de sistemas de riego.

Conclusiones

Mejorar el uso del agua exige pasar de las buenas intenciones a decisiones medibles en cada finca. La novedad de los programas que combinan crédito blando con asistencia técnica es que aceleran esa transición: alinean incentivos, bajan el costo de entrada y construyen capacidades para que la tecnología rinda. La experiencia local y regional es consistente: cuando se mide, se programa y se tecnifica, sube la productividad por litro, baja el costo energético por unidad producida y la producción se vuelve más resiliente a la variabilidad climática.

La disponibilidad hídrica difícilmente aumente a corto plazo. Por eso, la prioridad no es repartir culpas, sino multiplicar soluciones: medir, programar, tecnificar y acompañar. Si la política pública sostiene el rumbo —con financiamiento, asistencia y reglas— y los productores apuestan a gestionar mejor el recurso, el resultado será un sistema productivo más competitivo, sostenible y resiliente. Ese es el camino para que, aun con menos agua, haya más futuro.

Fuentes consultadas (selección)

• Gobierno de Mendoza – “Programa Integral para la eficiencia hídrica y el fortalecimiento productivo” (septiembre 2025). Disponible en: https://prensa.mendoza.gob.ar/
• El Editor Mendoza – “Lanzaron un plan pionero para tecnificar el riego y fortalecer a productores” (5/9/2025).



Octavio Chaparro