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El sector energético analiza las proyecciones de gas para el próximo invierno

17 de noviembre de 2025

Con la llegada del verano en el hemisferio sur, el sector energético argentino ya tiene la vista puesta en el próximo invierno. Productores, transportistas, distribuidoras y autoridades nacionales comenzaron a revisar las proyecciones de producción de gas natural, la disponibilidad de infraestructura y los escenarios de demanda residencial e industrial para la temporada fría de 2026, en un contexto marcado por el crecimiento de la oferta desde los yacimientos no convencionales y por la necesidad de reducir al máximo las importaciones de combustibles más caros.

Los datos recientes de producción muestran que el gas natural mantiene una senda de crecimiento sostenido impulsada por el desarrollo de los recursos de la cuenca Neuquina. En particular, los proyectos no convencionales lograron elevar los volúmenes disponibles para el mercado interno y, al mismo tiempo, abrir la puerta a mayores exportaciones estacionales a países vecinos. Sin embargo, la combinación de picos de consumo invernal y restricciones en el sistema de transporte exige una planificación fina para evitar cuellos de botella.

En las mesas técnicas que se realizan por estas semanas, los distintos actores del sector cruzan tres variables centrales: el nivel de producción esperada en las principales cuencas, la capacidad de transporte disponible en los gasoductos troncales y las curvas de demanda proyectadas según los distintos escenarios climáticos y de actividad económica. El objetivo es definir un mapa de abastecimiento que contemple tanto el consumo residencial priorizado como las necesidades de la industria, las centrales térmicas y los grandes usuarios.

Fuentes consultadas en el ámbito empresarial señalan que la producción de gas podría exhibir un incremento adicional en los próximos meses si se consolidan nuevas inversiones en perforación y completación de pozos, especialmente en proyectos de alta productividad. Las mejoras tecnológicas, la mayor eficiencia operativa y la curva de aprendizaje de los equipos permiten reducir costos y sostener un nivel de actividad compatible con una oferta creciente, incluso en un contexto internacional volátil.

En paralelo, la infraestructura de transporte se mantiene como una pieza clave para transformar ese potencial en garantía efectiva de suministro. Las expansiones recientes de la red troncal, la puesta en marcha de nuevos tramos de gasoductos y la optimización de la operación del sistema permiten evacuar mayores volúmenes de gas desde las zonas productoras hacia los centros de consumo del Litoral, el Centro y el Gran Buenos Aires. No obstante, los especialistas remarcan que aún existen cuellos de botella en determinados nodos y que será necesario seguir reforzando capacidad para acompañar el crecimiento proyectado de la producción.

El próximo invierno pondrá a prueba el equilibrio entre estos factores. Si el clima se mantiene dentro de los patrones históricos y la economía sostiene un nivel moderado de actividad, el sistema podría operar con mayor holgura que en inviernos anteriores, reduciendo la necesidad de recurrir a combustibles líquidos y a importaciones de gas natural licuado. Sin embargo, un escenario de temperaturas más bajas que el promedio o de repunte más fuerte de la industria podría tensionar nuevamente el balance, obligando a ajustar la programación de abastecimiento.

Las empresas productoras destacan que la nueva capacidad instalada en los yacimientos no convencionales permite reaccionar con mayor rapidez ante picos de demanda. El modelo de desarrollo por fases, con plataformas múltiples y pozos de alta productividad, genera una mayor flexibilidad para aumentar la inyección en momentos críticos. No obstante, subrayan que esta respuesta está condicionada por las señales de precio, la disponibilidad de contratos de mediano plazo y la certeza regulatoria que acompañe las decisiones de inversión.

Del lado de la demanda, las distribuidoras de gas y los entes reguladores están afinando sus proyecciones de consumo residencial a partir de la experiencia de los últimos inviernos. Cambios en los patrones de uso de la energía, la incorporación de tecnologías más eficientes y las variaciones en el poder adquisitivo de los hogares inciden de manera directa en el volumen de gas demandado para calefacción. A esto se suman las políticas tarifarias y de subsidios, que también influyen en el comportamiento de los usuarios.

En el plano industrial, los grandes consumidores siguen con atención la definición de cupos, prioridades y precios para los meses de mayor demanda. Sectores como el siderúrgico, el petroquímico, el cementero y el alimenticio dependen en gran medida del gas natural para sostener sus procesos productivos. La disponibilidad y previsibilidad en el suministro resulta determinante para planificar inversiones, programar paradas de planta y evitar interrupciones que encarezcan los costos.

Otro componente relevante del debate es la articulación entre el gas y la generación eléctrica. En los últimos años, el gas natural se consolidó como combustible central para las centrales térmicas, lo que alivia la necesidad de usar combustibles líquidos más costosos y contaminantes. Sin embargo, esto también implica que, en los días más fríos, parte del gas disponible deba destinarse a la generación eléctrica para cubrir picos de demanda, lo que agrega complejidad a la programación del sistema.

Las discusiones actuales incluyen, además, el rol de las exportaciones estacionales. Durante los meses templados, cuando la demanda interna se reduce, las ventas a países vecinos se han convertido en una válvula de salida para sostener la actividad productiva y generar divisas. De cara al próximo invierno, el desafío es compatibilizar esos contratos con la prioridad del abastecimiento local, estableciendo mecanismos claros de flexibilidad y revisión en caso de que las condiciones climáticas o de producción varíen respecto de lo previsto.

En este contexto, los analistas subrayan que la Argentina se encuentra en una fase de transición: el país pasó de un esquema fuertemente dependiente de las importaciones de gas y combustibles líquidos para cubrir el invierno, a un escenario en el que la producción local gana protagonismo y la infraestructura se expande para acompañarla. Aun así, el sistema todavía requiere un período de consolidación para que el crecimiento de la oferta se traduzca en una reducción sostenida de la vulnerabilidad ante los picos de consumo.

Las proyecciones de mediano plazo elaboradas por equipos técnicos y consultoras señalan que, si se mantiene la tendencia actual de inversión y desarrollo de proyectos, la producción de gas podría continuar aumentando en los próximos años, hasta alcanzar niveles que consoliden al país como proveedor relevante en el Cono Sur. Para que esto se materialice, destacan, será fundamental asegurar la continuidad de las obras de transporte, la ampliación de la capacidad de almacenamiento y la integración de nuevas infraestructuras de licuefacción y regasificación.

En el plano político e institucional, la discusión sobre las proyecciones de gas para el próximo invierno también se vincula con el diseño de una estrategia energética de largo plazo. La definición de reglas de juego estables, la coordinación entre los distintos niveles del Estado y la articulación con el sector privado resultan imprescindibles para convertir el potencial de los recursos en una política sostenible que combine seguridad de abastecimiento, competitividad y cuidado del ambiente.

Mientras se ajustan las proyecciones y se ponen sobre la mesa los distintos escenarios, el consenso entre los especialistas es que la próxima temporada invernal encontrará a la Argentina en una posición más sólida que en años anteriores, pero todavía exigida. El desempeño del sistema gasífero dependerá de la capacidad para ejecutar las obras comprometidas, coordinar a todos los actores involucrados y reaccionar con agilidad ante eventuales shocks de demanda o de oferta.

La combinación de mayor producción local, inversiones en infraestructura y mecanismos de planificación más sofisticados abre una ventana de oportunidad para reducir significativamente la dependencia de combustibles importados y mejorar la balanza energética del país. El próximo invierno será una nueva prueba de fuego para medir hasta dónde avanzó esta transformación y qué desafíos quedan pendientes para consolidar un sistema gasífero más robusto y previsible.

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