El equipo económico proyecta que la actividad podría expandirse alrededor de 5 % en 2026, de la mano de una desaceleración inflacionaria que permitiría recomponer ingresos reales y mejorar la planificación de empresas y hogares.
La estimación se apoya en una normalización macro y en un incremento gradual de la inversión privada, la mejora de encadenamientos productivos y un mayor aporte del sector externo. Una inflación mensual inferior a 1 % sería condición necesaria para consolidar la recuperación.
Sin embargo, persisten riesgos: la sensibilidad del consumo a cambios de precios y tasas, la incertidumbre regulatoria, el acceso al financiamiento y eventuales shocks externos. La brecha entre proyecciones oficiales y visiones más prudentes de analistas refleja ese margen de duda.
Para apuntalar el escenario, se requieren anclas fiscales y monetarias creíbles, reglas de competencia estables y una agenda de productividad que incorpore simplificación normativa, mejora logística y capital humano.
De sostenerse estas condiciones, el crecimiento proyectado podría traducirse en mayor empleo, exportaciones e inversión, con efectos positivos sobre la estabilidad macro y la integración de la economía argentina a los mercados internacionales.