Las consecuencias económicas de la guerra en Irán no se quedaron en el Golfo Pérsico. Como describió el Foro Económico Mundial el 22 de marzo, el conflicto está generando shocks en cascada que se irradian "mucho más allá de la región, reconfigurando los mercados globales de commodities, los sistemas alimentarios, las cadenas de suministro industriales y las condiciones financieras". Para América del Sur, ese impacto es a la vez una amenaza y una oportunidad: amenaza porque la región importa energía, fertilizantes y bienes industriales que ahora son más caros; oportunidad porque es exportadora neta de alimentos cuyos precios internacionales subieron con fuerza. La soja alcanzó en Chicago los USD 440 por tonelada en los futuros de mayo de 2026, el valor más alto desde mayo de 2024. El maíz llegó a USD 180 por tonelada y el trigo duro de invierno a USD 230 por tonelada. Para un país como Argentina, que tiene al complejo sojero como principal generador de divisas, esos números son, en principio, buenas noticias. Pero el cuadro completo es más complejo.
El eslabón crítico: los fertilizantes del Golfo en peligro
El estrecho de Ormuz no transporta solo petróleo. A través de él fluye también un tercio del comercio global de fertilizantes: el 65% de la urea mundial y una parte sustancial del fosfato y el potasio salen de puertos del Golfo Pérsico que hoy están total o parcialmente bloqueados. La FAO alertó el 26 de marzo que la interrupción del tránsito por Ormuz podría provocar incrementos de hasta el 200% en los precios internacionales de los fertilizantes, citando datos de la consultora Roland Berger. El economista jefe de la FAO, Máximo Torero Cullen, fue preciso: las estimaciones apuntan a un encarecimiento del 200% para los fertilizantes en el mercado internacional si el bloqueo se prolonga. Para América del Sur, esta amenaza es particularmente grave: Brasil —el mayor productor agrícola de la región y uno de los mayores del mundo— importa aproximadamente el 85% de los fertilizantes que usa, y gran parte de esos insumos transitan por rutas afectadas por la crisis del Golfo. Argentina importa menos en proporción, pero también depende del mercado internacional para cubrir parte de sus necesidades de urea y fertilizantes fosfatados. El portal especializado Agrolatam reportó el 24 de mayo que los primeros efectos ya se sienten: los precios de los fertilizantes en los mercados sudamericanos registraron subas de entre el 18% y el 35% desde el inicio del conflicto, con proyecciones de nuevos aumentos si el bloqueo de Ormuz no se resuelve antes de la temporada de siembra del segundo semestre de 2026.
El impacto macroeconómico global: FMI rebaja el crecimiento al 3,1%
Los organismos internacionales revisaron a la baja sus proyecciones para 2026. El FMI rebajó su previsión de crecimiento global al 3,1% en su actualización del World Economic Outlook de abril, dos décimas menos que su proyección previa, con advertencia de que si la crisis energética persiste el recorte podría ser mayor. Las economías más golpeadas según el Fondo son Qatar (-6% a -8%), Irán e Irak, pero los efectos se irradian hacia los países importadores de crudo: Europa, China, India y los países del sudeste asiático. La OMC proyectó que el comercio mundial de mercancías crecerá apenas un 1,9% en 2026 —frente al 4,6% estimado para 2025—, con riesgo de bajar al 1,4% si los precios del crudo y el GNL permanecen elevados durante todo el año. Para las economías exportadoras de materias primas de América del Sur, la desaceleración del comercio global es una señal de alerta: si la demanda de commodities se contrae, los precios altos de hoy podrían no sostenerse. El Banco Mundial estimó que el índice de precios de la energía subirá un 24% en todo 2026, con un impacto en cascada sobre los precios de alimentos, insumos industriales y costos de transporte.
El mapa del impacto por país en Sudamérica
| País | Canal de impacto negativo | Canal de impacto positivo | Balance preliminar |
|---|---|---|---|
| Argentina | Combustibles +40%; inflación por flete y transporte; fertilizantes más caros; presión cambiaria | Soja +20%, maíz +15%, trigo +18%; Vaca Muerta: superávit energético USD 8.500-10.000 M en 2026 | Dual: amenaza inflacionaria a corto plazo, oportunidad exportadora a mediano |
| Brasil | 85% de fertilizantes importados; costo industrial más alto; deuda en USD se encarece por inflación global | Exportador de crudo (3,7 mb/d); Petrobras se valoriza; granos brasileños más caros en el mercado internacional | Positivo neto a corto plazo por energía, pero riesgo si la demanda global cae |
| Colombia | Presión cambiaria; encarecimiento de combustibles para consumo interno; caída de inversiones | Exportador de petróleo y carbón; ingresos por commodities energéticos más altos | Moderadamente positivo en divisas, con riesgo inflacionario interno |
| Chile | Importador neto de energía; costos industriales más altos; devaluación del peso por volatilidad global | Cobre puede beneficiarse si la demanda industrial asiática se mantiene | Negativo neto; mayor vulnerabilidad por dependencia energética externa |
| Venezuela | Capacidad de producción limitada; sanciones vigentes; infraestructura deteriorada | Precio del petróleo más alto mejora ingresos de PDVSA; levantamiento parcial de sanciones bancarias (mayo 2026) | Ambiguo; gana en precio pero no puede aprovechar la capacidad productiva |
| Bolivia / Paraguay | Crisis energética propia (Bolivia); sin acceso al mar (ambos); encarecimiento del flete terrestre | Paraguay: exportaciones de soja y carne más caras internacionalmente | Mayormente negativo por vulnerabilidad logística y dependencia energética |
Argentina: el escenario dual de Vaca Muerta
Para Argentina, el impacto de la guerra en Irán presenta una paradoja que pocos analistas habían anticipado con tanta claridad. Por un lado, el encarecimiento del petróleo eleva los precios de los combustibles, presiona la inflación y amenaza el costo del transporte de granos y alimentos. Los combustibles registraron aumentos de entre el 8% y el 9% en las primeras semanas del conflicto, con estimaciones de subas adicionales que superan el 12% acumulado a lo largo de marzo. Por el otro, la Argentina de Vaca Muerta es hoy un exportador neto de energía —gracias a una producción récord de 882.200 barriles diarios en enero de 2026— y el alza del petróleo mejora directamente sus ingresos de divisas. Reuters reportó en febrero que Argentina podría cerrar 2026 con un superávit energético de entre USD 8.500 millones y USD 10.000 millones, un número que en el nuevo contexto de petróleo a USD 100-130 podría ser aun mayor. La FDI Internacional sintetizó la situación con precisión: gracias a Vaca Muerta, Argentina "pasó de importador neto crónico a exportador neto de energía", lo que le da un "colchón" ante la crisis que no tiene casi ningún otro país de la región. El riesgo, sin embargo, persiste: si el conflicto dura más de cuatro meses, el encarecimiento acumulado de combustibles, fertilizantes y fletes podría "descontrolar la inflación" y golpear al sector agrícola en la campaña del segundo semestre.
El flete marítimo y la reconfiguración de rutas: más costos para la región
Más allá del precio de los commodities y los fertilizantes, hay un tercer canal de impacto que afecta a toda la región de forma transversal: el encarecimiento del transporte marítimo. Los fletes globales se triplicaron desde el inicio del conflicto, las primas de seguro de guerra subieron un 5.000% en algunas rutas del Golfo, y los armadores comenzaron a reconfigurar sus redes de transporte evitando las rutas del Pacífico que pasan cerca de las zonas de conflicto del Golfo Pérsico. Para las exportaciones de granos de América del Sur —que viajan por el Atlántico y en principio no tocan el estrecho de Ormuz—, el impacto directo es menor. Pero los buques que no transitan por Ormuz sí compiten con los que sí lo hacen por flota, tripulaciones y capacidad de carga, elevando los costos globales de flete incluso en las rutas que no tienen contacto directo con la zona de conflicto. El Consejo Mundial del Comercio estimó que el incremento neto en los costos de flete para los exportadores sudamericanos asciende a entre un 15% y un 25% sobre los niveles de enero de 2026, una carga que en los productos de bajo valor por tonelada —como los granos a granel— puede reducir significativamente el margen neto del exportador.