En la madrugada del 28 de febrero de 2026, mientras el mundo amanecía con la noticia de los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Teherán —la llamada "Operación Furia Épica"—, la Cancillería argentina publicó un comunicado que marcó un antes y un después en la historia diplomática del país. Buenos Aires no expresó preocupación ni llamó a la paz: "El Gobierno argentino valora y apoya las acciones conjuntas realizadas por los Estados Unidos de América y el Estado de Israel destinadas a neutralizar la amenaza que el régimen de la República Islámica de Irán representa para la estabilidad internacional a largo plazo y la seguridad en la región". En esas dos líneas, la administración de Javier Milei abandonó décadas de neutralidad activa en conflictos armados internacionales y se convirtió en la única voz de América Latina —junto a Paraguay— en respaldar sin reservas una operación militar que implicó ataques sobre la cúpula política y militar iraní, incluyendo al líder supremo Alí Jamenei y al presidente Masoud Pezeshkian. Desde entonces, las consecuencias diplomáticas, políticas y económicas de esa decisión no han dejado de acumularse.
La secuencia de decisiones: de los atentados de los 90 al diplomático expulsado
El alineamiento de Argentina con el eje EEUU-Israel no nació el 28 de febrero. Tiene una arquitectura construida paso a paso desde el inicio del mandato de Milei. El primer hito fue el rechazo al ingreso a los BRICS —el bloque que reúne a las economías emergentes e incluye a Rusia, China e Irán—, decisión tomada en los primeros días de la gestión. El segundo fue el voto sistemático junto a Estados Unidos e Israel en los organismos multilaterales de Naciones Unidas, incluida la Asamblea General. El tercero fue el respaldo explícito a la agenda de seguridad israelí durante la primera fase del conflicto en Gaza. Pero fue el 17 de enero de 2026 cuando el giro se volvió irreversible: Milei firmó un decreto que designó como entidades terroristas a la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y a 13 individuos afiliados, incluyendo sanciones financieras y restricciones operativas. La medida fue la primera de este tipo adoptada por un gobierno latinoamericano y fue explícitamente impulsada, según fuentes gubernamentales, en el marco de la "Conferencia Anticárteles de las Américas" que coordinó el gobierno de Donald Trump.
La expulsión del encargado de negocios iraní, Mohsen Soltani Tehrani, se produjo el 1° de abril de 2026. La decisión fue tomada "por orden directa de la Oficina del Presidente" con una celeridad que sorprendió incluso al cuerpo diplomático argentino. El detonante fue un comunicado del gobierno iraní que, según la Cancillería, resultó "ofensivo para el Presidente y las instituciones argentinas": Teherán había condenado el "apoyo descarado" de Milei a la ofensiva estadounidense-israelí, lo calificó de violación del derecho internacional y advirtió sobre una posible "responsabilidad internacional" de la Argentina. Buenos Aires respondió en 48 horas con la expulsión. El Departamento de Estado de los Estados Unidos emitió ese mismo día un comunicado de respaldo. La relación bilateral Argentina-Irán quedó así en un estado de parálisis casi total —técnicamente sin ruptura formal, pero sin representación diplomática activa en ninguna de las dos capitales.
La voz de la oposición: el proyecto de neutralidad en el Congreso
La respuesta legislativa no tardó en articularse. Un grupo de aproximadamente veinte diputados de Unión por la Patria presentó un proyecto de resolución para declarar la neutralidad de la República Argentina en el conflicto armado internacional "iniciado el 28 de febrero de 2026" entre EEUU e Israel, por un lado, e Irán, por el otro. El texto —que retoma la "vocación histórica de paz" y el compromiso con la Carta de la ONU— intima al Poder Ejecutivo a "abstenerse de cualquier forma de colaboración militar, logística o de inteligencia en el conflicto" y exige la remisión al Congreso, en un plazo de diez días hábiles, de copia íntegra de los acuerdos firmados en la Conferencia Anticárteles de las Américas y de la proclamación del denominado "Escudo de las Américas". El proyecto también solicita comunicar la posición argentina a la ONU, la OEA, la CELAC y a los propios gobiernos involucrados en el conflicto.
El gobierno rechazó el proyecto invocando dos argumentos principales. El primero es histórico: la decisión de la Justicia argentina —en el marco de la causa AMIA— de responsabilizar al régimen iraní por los 85 muertos del atentado de 1994 convierte a Irán en un "enemigo de la Argentina" que no merece el tratamiento neutro reservado a terceros países. El segundo es estratégico: el alineamiento con EEUU e Israel es una elección deliberada de política exterior que, en opinión de la Casa Rosada, maximiza los beneficios económicos y financieros para la Argentina —acceso al mercado de capitales, respaldo del FMI, inversión directa— en un contexto de integración con el mundo occidental. La cancelación de la canciller Diana Mondino en octubre de 2024 —por haber votado a favor de levantar el embargo a Cuba en la Asamblea General de la ONU— había ya definido con claridad el límite: no hay espacio de disidencia diplomática respecto del eje EEUU-Israel.
El mapa de posiciones: Argentina, la región y las encuestas
| Actor / País | Posición respecto al conflicto EEUU-Israel vs. Irán |
|---|---|
| Argentina (gobierno Milei) | Respaldo explícito a EEUU e Israel; expulsión del diplomático iraní; Guardia Revolucionaria declarada terrorista |
| Paraguay | Único otro país de AL en respaldar las acciones militares |
| Brasil, México, Colombia, Bolivia | Llamados al diálogo y la negociación; rechazo a las operaciones militares |
| Venezuela, Nicaragua, Cuba | Condena abierta a EEUU e Israel; apoyo retórico a Irán |
| Oposición argentina (UP, sector PJ) | Proyecto de declaración de neutralidad; rechazo al alineamiento con EEUU e Israel |
| Ciudadanía argentina (Vozna/Delfos/Escenarios, abril 2026) | 72% a favor de la neutralidad; solo 15,2% avala el alineamiento con EEUU e Israel |
Las consecuencias económicas: el petróleo un 40% más caro y presión inflacionaria
El alineamiento diplomático tiene un correlato económico concreto. Desde el inicio de las hostilidades el 28 de febrero, los ataques iraníes a la infraestructura energética del Golfo Pérsico y el cierre del estrecho de Ormuz dispararon los precios del petróleo: a mediados de mayo de 2026, el crudo operaba un 40% por encima de los niveles previos al conflicto. Para Argentina —cuyas importaciones de combustibles son una variable inflacionaria de primer orden—, el encarecimiento del petróleo representa presión adicional sobre los precios domésticos y sobre el costo de los subsidios energéticos que el gobierno intenta reducir. El analista internacional Gabriel Puricelli advirtió tempranamente que "el conflicto en Medio Oriente podría agravar la inflación en Argentina y generar riesgos diplomáticos por el alineamiento con EEUU". La estimación que circula en medios financieros es que cada 10% de aumento sostenido en el precio del petróleo agrega entre 0,2 y 0,4 puntos porcentuales de inflación mensual en la economía argentina, a través del canal de los combustibles, el transporte y los costos industriales.
Paradójicamente, la guerra tiene también potenciales efectos positivos para el sector exportador argentino: el encarecimiento del petróleo mejora los términos de intercambio para los países productores de alimentos, y algunos analistas señalan que el desvío de rutas marítimas y la reconfiguración de cadenas de suministro podría abrir oportunidades para los exportadores de materias primas latinoamericanos. Pero este efecto, de realizarse, tardaría al menos dos o tres trimestres en materializarse en el flujo de divisas argentino, mientras el impacto inflacionario de los precios del combustible es inmediato. Para el gobierno de Milei, el dilema es administrar ese costo de corto plazo mientras sostiene un alineamiento geopolítico que sus propios funcionarios describen como "la columna vertebral de la estrategia de inserción internacional del país".
Perspectiva analítica: cuando la ideología precede al cálculo
La política exterior de Javier Milei frente a Irán y el conflicto de Medio Oriente representa la ruptura más profunda con la tradición diplomática argentina desde el retorno de la democracia en 1983. Argentina históricamente oscilaba entre bloques, cultivaba relaciones con actores de distinto signo ideológico —incluido Irán, con quien tuvo vínculos comerciales hasta la era kirchnerista— y se reservaba el derecho a la abstención o la neutralidad en conflictos armados internacionales. La AMIA fue la excepción que justificó la denuncia judicial, pero nunca derivó en un alineamiento bélico explícito con una potencia occidental contra el Estado iraní. Milei cambió esa ecuación: el alineamiento con EEUU e Israel no es solo retórico ni coyuntural; está codificado en decretos, votaciones en organismos internacionales, expulsiones diplomáticas y comunicados de respaldo a operaciones militares. La pregunta que el 72% de los argentinos que prefiere la neutralidad ya formuló —¿esta política representa los intereses nacionales o las convicciones personales del Presidente?— seguirá siendo el nudo del debate político exterior durante lo que reste del mandato y, casi con certeza, en la campaña de 2027.