La crisis silenciosa de la ganadería ovina en la meseta de Chubut: de 168 productores a 8, y un mundo que se extingue
Donde alguna vez hubo 350.000 ovejas y 168 establecimientos productivos en torno a Telsen, hoy sobreviven apenas 8 productores. La provincia de Chubut pasó de 6,4 millones de cabezas en 1978 a menos de 3 millones en 2025. Sequía histórica, predadores que se multiplican, lana que se vende a 5 dólares cuando necesita 20 para ser rentable, la eliminación de la Ley Ovina por decreto del gobierno nacional y el avance de corporaciones extranjeras sobre las tierras vaciadas están terminando con un siglo y medio de cultura pastoril en el corazón de la Patagonia.
En el corazón árido de la meseta patagónica, donde la densidad poblacional llega a 0,1 habitantes por kilómetro cuadrado y el ser humano más cercano puede estar a 35 kilómetros, la ganadería ovina está dejando de existir. No de golpe, ni con estrépito. Con la misma discreción con que la tierra va perdiendo su cubierta vegetal: lentamente, sin que nadie demasiado poderoso lo note, hasta que un día el campo ya no tiene ovejas, el molino se rompe sin que tenga sentido repararlo y los postes que alguien hundió hace cuarenta años sumergidos en gasoil y aceite quemado —para que duraran para siempre— son desenterrados uno a uno. El campo queda vacío. Y la historia que comenzó en 1895 con las primeras 47.000 ovejas se acerca a su capítulo final.
Telsen: el espejo del colapso
Ricardo Irianni, presidente de la Sociedad Rural Valle del Chubut, lo dice con la precisión de alguien que mira el mapa de la tragedia todos los días: en las cercanías de Telsen, una localidad de la meseta central chubutense que supo ser uno de los epicentros productivos de la provincia, había 168 productores que manejaban 350.000 lanares. Hoy quedan 8. No es una metáfora ni una exageración. Es el dato que Irianni llevó al gobernador provincial Ignacio Torres en una reunión que describió como "muy valiosa" pero que, según el mismo dirigente, no alcanza: "Es un gesto. Bienvenido, pero insuficiente si no va acompañado de resultados concretos".
Los datos del SENASA confirman la magnitud del desplome en el departamento de Telsen: en 2024 había 87.956 ovinos en la zona; los registros más recientes muestran solo 62.828 distribuidos en 154 establecimientos. Eso representa una caída cercana al 30% en un período muy corto. Las proyecciones más pesimistas del propio sector advierten que, de mantenerse la tendencia, hacia 2030 la actividad ovina en la meseta podría encontrarse en una "situación terminal".
"Esto ya es un negocio sentimental"
Luis Feijoo y su esposa Mónica Chiozza, ambos de 74 años, vivieron más de 25 años en su campo de la meseta, sin agua de red, sin vecinos, sin señal. Feijoo salía de madrugada con su camión aguatero a cargar 8.000 litros en el río más cercano para dárselos a las 2.500 ovejas que llegó a tener. En marzo pasado vendieron las últimas 49 —habían quedado 55 pero los zorros colorados se llevaron seis antes de que llegaran los compradores. Vendieron todo. El campo sigue en pie, vacío, con el camión aguatero parado aunque el agua escasee más que nunca: los últimos años llovieron menos de 90 milímetros, menos de lo que una tormenta húmeda descarga en una sola tarde.
"Son muy pocos votos los habitantes de la meseta. ¿A quién le importa esto? Piquete no hacemos, no quemamos cubiertas, no cortamos rutas. Lo que da mucha pena es que sentís que trabajaste en vano."
Luis Feijoo, ex productor ovino de la meseta de Chubut — testimonio a El País, mayo de 2026.A pocas leguas, en la zona de Meseta Cuadrada, la familia Ferrin vive el mismo proceso. El campo fue poblado por Manuel Ferrin, inmigrante español, en 1911. Cuatro generaciones después, el establecimiento pasó de 5.000 ovejas a apenas 1.200. El año 2026 será, según reconoció la propia familia, "el año de quiebre". "Por más de 115 años se mantuvo el capital y en los últimos cuatro, cinco años, fue todo para atrás", dijo Pablo Ferrin, el menor de los hermanos. El patriarca, Eduardo, de 80 años, escucha en un rincón. Su nuera advierte: "No le hables, se va a poner a llorar. Yo sé cómo está." Otro hijo, Fabián, resume lo que queda: "Nosotros siempre decimos que esto ya es un negocio sentimental. No es un negocio económico."
Los cuatro jinetes del apocalipsis ovino
| Factor | Descripción y magnitud del impacto |
|---|---|
| Sequía estructural | Las precipitaciones en la meseta cayeron por debajo de los 90 mm anuales, mínimos históricos. Sin pasto, las ovejas no tienen leche y abandonan a los corderos. En tres años sin renovación, una majada se extingue. En la última década no hubo un solo año de lluvias normales en gran parte de la meseta central. |
| Predadores en expansión | Pumas, zorros colorados y perros asilvestrados diezman las majadas. Las pérdidas por depredación escalaron del 7% al 20% del movimiento económico de un establecimiento. Guanacos en aumento (250.000 ejemplares más por año) compiten por la misma pastura escasa que las ovejas. Un productor que cuida su campo no puede proteger los ocho campos abandonados de sus vecinos, que se vuelven reservorios de fauna predadora. |
| Precio de la lana inviable | La lana se vende hoy a US$ 5 el kilo limpio. Para cubrir costos de producción en la meseta, el precio debería ser de al menos US$ 20. La lana pasó de representar el 50% de las fibras usadas en el mundo a apenas el 3%, desplazada por sintéticos. El mercado cambiario argentino empeoró la situación durante años: los ingresos se pesificaban al dólar oficial pero los costos se referenciaban al dólar paralelo, que llegó a ser 150% más caro. |
| Eliminación de la Ley Ovina | El gobierno de Javier Milei cerró el FRAO en agosto de 2024 (Resolución 650/2024) y luego, por Decreto 408/2025, disolvió definitivamente el régimen de la Ley 25.422, vigente durante casi 24 años. El programa financiaba con créditos blandos y aportes no reintegrables potreros, galpones, captaciones de agua y mejoramiento genético. Para los pequeños productores de la meseta, era el único acceso a inversión. Los productores lo calificaron como el "golpe de gracia". |
Fortescue, Rewilding y el nuevo mapa de la meseta
En la oficina de la Sociedad Rural de Trelew hay un mapa en el que los campos cerrados están pintados de rojo y los que siguen abiertos tienen un pequeño cuadrado en blanco. Cada vez hay menos blancos. Pero hay una tercera categoría, pintada de verde: los campos comprados por Fortescue, la gigante minera australiana que en los últimos años adquirió alrededor de 550.000 hectáreas en la meseta de Chubut para instalar parques eólicos destinados a producir hidrógeno verde. La empresa paga precios muy por encima del mercado. Para los productores agotados, fue un milagro que ofreció una salida.
Pero el vaciamiento de campos —ya sea por abandono o por venta— volvió todavía más difícil la supervivencia de los que decidieron quedarse. "Yo puedo cuidar mi campo, pero no puedo cuidar los ocho campos abandonados de alrededor, que son de 15 a 20 leguas cada uno", explicó el productor Juan Kresteff. En paralelo, la organización conservacionista Rewilding Argentina compró campos en la zona para recuperar ecosistemas y desarrollar turismo de naturaleza, un modelo que los ganaderos no rechazan en sí mismo pero que critican cuando sus portavoces "romantizamos el abandono de los campos" y celebran como "recuperación natural" lo que en realidad es despoblamiento y pérdida de cultura rural. También hay empresas mineras que exploran en busca de uranio y arenas silíceas para la industria del petróleo no convencional.
"En poco tiempo van a quedar activos solo los campos de la costa y de la cordillera. Los campos del centro, que están en el límite de la rentabilidad, fueron los primeros en ir cerrando."
Ricardo Irianni, presidente de la Sociedad Rural Valle del Chubut — a El País, mayo de 2026.El fin de la Ley Ovina: la última herramienta, derogada
Durante casi 24 años, la Ley 25.422 —conocida como Ley Ovina— financió con créditos blandos y aportes no reintegrables la infraestructura básica de los establecimientos patagónicos: potreros, galpones, captaciones de agua, mejoramiento genético. Su herramienta ejecutora, el Fondo Fiduciario para la Recuperación de la Actividad Ovina (FRAO), manejaba unos 3.000 millones de pesos anuales. En agosto de 2024, el gobierno de Milei lo cerró por resolución del Ministerio de Economía, argumentando falta de transparencia. Luego, en junio de 2025, el Decreto 408/2025 disolvió definitivamente el régimen, junto con los programas de fomento caprino y de llamas.
Las entidades rurales patagónicas, agrupadas en la Confederación Rural Argentina (CRA), rechazaron la medida con dureza. Diputadas de la UCR presentaron proyectos de repudio en las legislaturas provinciales. El sector calificó la eliminación del FRAO como el "certificado de defunción" de la ganadería ovina en la meseta: la única herramienta pública que permitía a un productor pequeño invertir en infraestructura básica desapareció justo cuando la actividad más la necesitaba. La declaración de emergencia agropecuaria firmada esta semana por el gobierno nacional fue bien recibida, pero el propio Irianni la calificó de "gesto insuficiente": los trámites para acceder a los beneficios son lentos y burocráticos para productores que operan con recursos mínimos.
Una historia de 130 años que puede terminar en esta década
La historia de la ganadería ovina en la Patagonia comenzó con las primeras 47.000 cabezas registradas en 1895, cuando el Estado argentino promovió activamente la ocupación productiva del territorio del sur para afirmar la soberanía y desplazar a las comunidades originarias. El stock fue creciendo hasta alcanzar el pico histórico de 6,4 millones de ovejas en 1978. Desde entonces, la caída fue constante: los productores hablan de la doble presión de la crisis económica global del sector lanero y la vulnerabilidad ante desastres naturales y sequías. En 2025 el stock provincial se estabilizó en 2.979.864 cabezas, exactamente la mitad del pico histórico.
La investigadora del CONICET Mónica Bertiller documentó que el pastoreo ovino introdujo desde principios del siglo XX cambios en la vegetación nativa de la Patagonia que redujeron la cubierta vegetal hasta un 90% en algunas zonas del oeste de Chubut. El proceso se retroalimenta: menos vegetación significa menos agua disponible en el suelo, lo que acelera la desertificación que a su vez hace imposible el pastoreo. La meseta enfrenta hoy el resultado de décadas de sobrepastoreo y la nueva presión de un clima más árido y errático. Sin ovejas y sin productores, el territorio no recupera su ecosistema sino que avanza hacia un estado de degradación más profundo, advierte el sector.
- 1895: primeros 47.000 ovinos registrados en Chubut
- 1978: pico histórico — 6.421.000 cabezas
- 2005: ~5.000.000 cabezas
- 2025: 2.979.864 cabezas (−53,6% respecto al pico; −40% en 20 años)
- Stock Patagonia (2024): 6,79 millones de ovinos — 21% menos que en 2018
- Establecimientos inactivos en Chubut: ~40% del total provincial
- Telsen (epicentro): de 168 productores con 350.000 lanares a 8 productores con 62.828 ovinos
- Precio de la lana: US$ 5 el kilo limpio (necesita US$ 20 para ser rentable)
- Pérdidas 2019–2024: estimadas en US$ 309 millones por entidades rurales
- Exportaciones de lana fina (2024): ~15.000 toneladas de lana limpia (destinos: Italia, China, Turquía)
"Esto no es un desierto. Vos mirás y ves el horizonte, cielo y tierra. Parece un desierto pero tiene muchísima vida, muchísima fauna, flora. Cada flor de quilembay equivale a un granito de maíz. La mata negra que floreció ahora tiene una flor preciosa, parecen tulipanes. Yo te digo, tiene su encanto la meseta."
Mónica Chiozza, exproductora ovina de la meseta de Chubut — a El País, mayo de 2026, en el campo vacío donde vivió 25 años.