Hay 21 kilómetros de agua entre la costa iraní y la omaní en el punto más estrecho del estrecho de Ormuz. Por ese corredor marítimo pasa, en condiciones normales, alrededor del 20% del petróleo que consume el mundo —unos 20 millones de barriles diarios—, el 18% del gas natural licuado global, y cantidades significativas de derivados petroquímicos, combustibles para aviación y nafta industrial. Desde el 28 de febrero de 2026, ese corredor está bloqueado en la práctica: Irán colocó minas marinas, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria abordó y atacó buques mercantes, y la comunidad naviera internacional redujo drásticamente el tránsito por miedo a represalias. El resultado fue un colapso sin precedentes del suministro energético global que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) calificó sin ambages como "la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado global del crudo". Noventa días después del inicio del conflicto, el mundo navega por aguas desconocidas.

Los números del colapso: de 20 millones a 3,8 millones de barriles diarios

Las cifras publicadas por la AIE en sus informes de marzo, abril y mayo de 2026 construyen una curva de deterioro sostenido. En febrero, antes del conflicto, el estrecho de Ormuz movilizaba sus habituales 20 millones de barriles diarios (mb/d) de crudo y derivados. En marzo, el primer mes completo del bloqueo, la producción global cayó en 8 mb/d —equivalente a casi el 8% del consumo mundial—. A comienzos de abril, el tránsito efectivo a través del estrecho había colapsado a 3,8 mb/d, una reducción del 81% en apenas seis semanas. Los países productores del Golfo —Iraq, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita— comenzaron a reducir o suspender producción ante el colapso de sus infraestructuras de almacenamiento: los tanques se llenaban sin poder vaciarlos. En mayo, la AIE revisó sus estimaciones de demanda para el año completo: pronosticó una contracción de 420.000 barriles diarios respecto al año anterior —frente a la estimación de crecimiento de 730.000 mb/d que tenía en enero—, con una caída de la demanda de 2,45 mb/d solo en el segundo trimestre. Los inventarios mundiales observados se redujeron en 250 millones de barriles entre marzo y abril, a un ritmo de 4 mb/d —el ritmo de agotamiento de reservas más alto jamás registrado en tiempo de paz.

"Más de diez semanas después del inicio de la guerra en Oriente Próximo, las crecientes pérdidas de suministro procedentes del estrecho de Ormuz están agotando las reservas mundiales de petróleo a un ritmo récord." — Agencia Internacional de la Energía (AIE), Boletín de mayo de 2026.

La escalada del precio: Brent a USD 130 y el gas europeo un 61% más caro

Los mercados de energía reaccionaron con una velocidad y una intensidad que superaron todos los precedentes históricos —incluyendo la crisis del petróleo de 1973 y el pico de 2008. En la primera semana del conflicto, el barril Brent subió un 50%, cerrando alrededor de los USD 105 el 8 de marzo, cuando superó los USD 100 por primera vez desde 2022. El máximo histórico del período se alcanzó a mediados de abril: USD 130 por barril Brent y USD 126 para el crudo North Sea Dated, según los datos de la AIE publicados el 13 de abril. El gas natural referencia para Europa (Dutch TTF) subió un 61% por la paralización de las exportaciones de gas natural licuado desde Qatar —el tercer mayor exportador de GNL del mundo—, cuyas instalaciones de carga quedaron inoperativas durante semanas. El 19 de abril, tras señales de posible cese del fuego, el Brent bajó temporalmente a USD 95 y el WTI estadounidense a USD 87, pero la volatilidad permaneció extrema. El 24 de mayo, ante rumores de acuerdo EEUU-Irán, el petróleo bajó nuevamente, pero los ataques del CENTCOM del día siguiente volvieron a tensar los mercados.

El impacto sector por sector

Sector Impacto documentado Fuente
Petróleo crudo (Brent)Subida del 50% en la primera semana; máximo de USD 130/barrilAIE, Bloomberg, Reuters
Gas natural Europa (TTF)+61% desde inicio del conflictoAIE, Euronews
Producción global crudoCaída de 8 mb/d en marzo; de 10 mb/d en abrilAIE (informes de marzo y abril)
Tránsito por OrmuzDe 20 mb/d a 3,8 mb/d (reducción del 81%)AIE, Wikipedia Crisis Ormuz 2026
Reservas mundialesCaída de 250 millones de barriles en marzo-abril (ritmo récord 4 mb/d)AIE boletín mayo 2026
Demanda global 2026Caída estimada de 420.000 b/d (antes: crecimiento esperado +730.000 b/d)AIE boletín mayo 2026
Fertilizantes y alimentosAlza por 3 meses consecutivos; riesgo de crisis agroalimentaria 6-12 mesesFAO / ONU, mayo 2026
Empleo global38 millones de puestos de trabajo en riesgoONU, mayo 2026
Costo económico global estimadoHasta USD 1 billón (escenario prolongado)The Guardian / IIF / Banco Mundial

La respuesta de los organismos internacionales: reservas de emergencia y rutas alternativas

La AIE respondió a la crisis con la liberación de 400 millones de barriles de reservas de emergencia de sus países miembros —el mecanismo de respuesta que solo se había activado en tres ocasiones anteriores en los 50 años de historia del organismo—. Pero las reservas de emergencia tienen un límite: están diseñadas para amortiguar shocks de corto plazo, no para suplir indefinidamente el flujo de un estrecho que mueve el 20% del petróleo mundial. La FAO lanzó el 19 de mayo una advertencia sobre un "choque agroalimentario sistémico": el corte del Estrecho de Ormuz no solo encarece el petróleo, sino que interrumpe el suministro de fertilizantes —de los que el Golfo Pérsico es uno de los principales exportadores mundiales—, encarece los fletes para el transporte de alimentos y presiona al alza los precios de la harina, el aceite y los cereales en los países más vulnerables. La ONU alertó que la crisis amenaza con destruir 38 millones de empleos en todo el mundo y que el precio mundial de los alimentos lleva tres meses consecutivos en alza. Los países de Asia importadora —Japón, Corea del Sur, India, Tailandia— vieron sus reservas de crudo caer en 31 millones de barriles solo en el bimestre marzo-abril.

Como rutas alternativas, la AIE y los exportadores del Golfo exploraron tres opciones: el oleoducto Petroline, que conecta el Golfo Pérsico con el Mar Rojo a través de Arabia Saudita (capacidad de 5 mb/d, pero sin infraestructura para manejar el volumen total); el oleoducto Abu Dhabi Crude Oil Pipeline, con capacidad de 1,5 mb/d; y el transporte terrestre hacia los puertos del Mediterráneo a través de Turquía, viable solo para volúmenes muy parciales. Ninguna de esas alternativas alcanza, ni de lejos, los 20 mb/d que circulaban por Ormuz antes del conflicto. El Banco Mundial situó el déficit de suministro que no puede cubrirse por rutas alternativas en entre 3,5 y 5 mb/d en el escenario de interrupción prolongada, lo que mantendría el precio del barril por encima de los USD 100 hasta finales de 2026 incluso en caso de acuerdo.

El factor Ormuz para Argentina: petróleo más caro, presión inflacionaria directa

Para Argentina, la crisis de Ormuz tiene un impacto concreto y medible. El país es un importador neto de combustibles refinados: la nafta, el gasoil y el fuel oil que consume la economía argentina provienen en parte de refinación de crudo importado, y los costos de flete se multiplican cuando las rutas marítimas de largo recorrido encarecen. El aumento del 40% en el precio internacional del petróleo desde el 28 de febrero presiona directamente sobre los precios domésticos de los combustibles, el costo del transporte de carga, el precio del gas envasado y los costos industriales de las empresas que usan derivados petroquímicos. Economistas locales estiman que cada 10% de aumento sostenido en el precio del barril añade entre 0,2 y 0,4 puntos porcentuales a la inflación mensual argentina a través del canal de los combustibles y el transporte. Con el Brent que llegó a USD 130 desde los USD 70 previos al conflicto, ese canal ya está activo y sus efectos se sienten en la canasta de consumo.

La señal del 25 de mayo: cuando la paz y la guerra coexisten en el mismo canal

El lunes 25 de mayo ofreció un ejemplo perfecto de la contradicción que define el estado actual de la crisis: mientras los rumores de un posible acuerdo EEUU-Irán empujaban el precio del petróleo a la baja —los mercados asiáticos festejaron la noticia con rebotes en las bolsas de Hong Kong y Shanghai—, el CENTCOM realizaba nuevos ataques "en autodefensa" contra instalaciones de lanzamiento de misiles embarcados iraníes que intentaban colocar minas en el Estrecho de Ormuz. La coexistencia de señales de distensión y operaciones militares activas es la tónica de un conflicto que no tiene ni un principio claro de resolución ni un mecanismo de escalada controlada. La AIE advirtió en su boletín de mayo que, si un acuerdo de paz permitiera la reanudación gradual del tránsito por Ormuz a partir del tercer trimestre de 2026, la demanda podría repuntar hacia fin de año. Pero aclaró que "la oferta probablemente tarde más en recuperarse", de modo que el mercado petrolero seguirá en déficit hasta el último trimestre del año incluso en el mejor escenario. Y si el conflicto se prolonga, o si el estrecho vuelve a cerrarse, las proyecciones del Banco Mundial, la AIE y la ONU convergen en una conclusión que pocos se atreven a pronunciar en voz alta: el mundo puede estar ante el inicio de una crisis energética estructural cuyo desenlace todavía nadie puede calcular.