En la madrugada del 13 de mayo de 2026, los sistemas de alerta temprana de Ucrania encendieron sus sirenas en todo el país. Durante las siguientes 48 horas, Rusia lanzó más de 1.560 drones contra el territorio ucraniano, en lo que el presidente Volodimir Zelensky describió como "el asalto aéreo más significativo en un lapso de dos días desde el inicio del conflicto". Junto con los drones, cayeron sobre el país 56 misiles, entre ellos balísticos e hipersónicos. El saldo de ese fin de semana fue devastador: al menos ocho muertos y 44 heridos en Kiev, una niña de 12 años entre las víctimas recuperadas de los escombros de un edificio residencial de nueve pisos; una estación eléctrica y una línea de alta tensión de la empresa DTEK destruidas en la capital; una locomotora impactada en Járkov; daños en infraestructura energética y ferroviaria en Poltava y Zaporiyia. Diez días después, el 24 de mayo, Rusia atacó Kiev con un lanzamiento masivo de misiles y drones que causó cuatro muertos y casi 100 heridos, mientras las autoridades ucranianas confirmaban el uso del misil hipersónico Oreshnik contra la región capitalina. Al día siguiente, 25 de mayo, el Ministerio de Defensa ruso comunicó formalmente su intención de "intensificar los bombardeos sobre Kiev" y renovó la advertencia a extranjeros y diplomáticos para que evacuaran la ciudad.

La estrategia rusa: destruir el sistema eléctrico antes del próximo invierno

Los ataques de mayo de 2026 no son episodios aislados. Son el capítulo más reciente de una campaña sistemática que lleva cuatro años con el mismo objetivo: privar a la población ucraniana de electricidad, calefacción y agua potable, especialmente en los meses de frío, para minar la moral de los civiles y la capacidad de resistencia del Estado. La empresa eléctrica privada DTEK, que opera la mayor parte de la red de distribución del sur y centro de Ucrania, reportó que solo en la región de Odesa 31 subestaciones eléctricas han sido alcanzadas por ataques rusos durante el conflicto. En enero de 2026, un bombardeo con 340 drones de largo alcance y 34 misiles dejó sin luz, agua y calefacción a la orilla oriental de Kiev durante días, con temperaturas de -14°C. En febrero, Rusia atacó en pleno pico del frío, dejando sin calefacción a más de 300.000 personas en Odesa y a más de 1.000 edificios en Kiev. El patrón es siempre el mismo: después de destruir o dañar gravemente todas las centrales no nucleares, Rusia concentra sus ataques en las subestaciones eléctricas que alimentan las centrales nucleares todavía en funcionamiento, buscando desestabilizar la única fuente de generación masiva que Ucrania tiene intacta.

"Desde el comienzo del miércoles, Rusia ha lanzado más de 1.560 drones contra Ucrania. Esto representa el asalto aéreo más significativo en un lapso de dos días desde el comienzo del conflicto." — Presidente de Ucrania Volodimir Zelensky, 14 de mayo de 2026.

Los ataques recientes: cronología de mayo

Fecha Ataque Objetivo / resultado
11-12 mayo216 drones Shahed, "Herber", "Italmas" + 80 bombas planeadorasInfraestructura energética; daños en varias regiones
13-14 mayo1.560+ drones + 56 misiles (mayor ataque del conflicto en 48h)8 muertos y 44 heridos en Kiev; estación DTEK y línea AT destruidas; daños en Poltava, Zaporiyia, Járkov
20-21 mayo~500 drones + misilesUcrania derriba 121 drones; civil muerto; 6 heridos
22-23 mayoOleada nocturna con drones y misilesDaños en sistemas de infraestructura; respuesta ucraniana sobre plantas en el interior de Rusia
24 mayoAtaque masivo Kiev con misil hipersónico Oreshnik4 muertos, ~100 heridos; impactos en zona residencial y barrios del norte de Kiev
25 mayoRusia anuncia intensificación de bombardeos; amenaza a diplomáticosSin nuevo ataque confirmado hasta el mediodía; alerta máxima en Kiev

La respuesta ucraniana: drones sobre el interior de Rusia

Ucrania no se limita a absorber los golpes. En la madrugada del 22 al 23 de mayo, drones ucranianos atacaron varios complejos energéticos e industriales situados en el interior de Rusia. El presidente Zelensky confirmó el impacto sobre la planta química Metafrax Chemicals, en la región de Perm, a unos 1.700 kilómetros de la frontera ucraniana —el ataque a mayor distancia realizado por Ucrania hasta la fecha—. También fue alcanzada una terminal petrolera en Novorosíisk, donde la caída de restos de drones provocó un incendio. Los días previos, drones ucranianos habían atacado la refinería de petróleo de Syzran, a más de 800 kilómetros dentro del territorio ruso, y el Ministerio de Defensa ruso reportó el derribo de 121 drones ucranianos en una sola noche. El inicio de mayo había visto el mayor ataque ucraniano sobre territorio ruso hasta esa fecha: más de 690 sistemas de ataque aéreo —entre drones y misiles— en una sola oleada, afectando a refinerías y nodos logísticos. La estrategia de Kiev es clara: si Moscú destruye la red energética ucraniana, Kiev responde golpeando la infraestructura energética e industrial rusa.

El impacto sobre el sistema energético europeo

La presión sobre la infraestructura ucraniana tiene consecuencias directas para el sistema energético europeo, aunque de naturaleza distinta a la crisis del Estrecho de Ormuz. Ucrania es uno de los mayores corredores de tránsito energético del continente: el gas natural ruso que históricamente llegaba a Europa central a través de su territorio ya no fluye desde 2022, pero Ucrania sigue siendo parte del sistema eléctrico interconectado europeo. En enero de 2026, la interrupción de los flujos de electricidad desde Ucrania —causada por los bombardeos a la red de distribución— forzó a Polonia y Eslovaquia a activar sus reservas de generación de emergencia por primera vez desde el inicio del conflicto. La presión sobre los mercados europeos de gas y electricidad, combinada con la crisis de Ormuz, convirtió el primer trimestre de 2026 en el más tenso desde la primera crisis energética de 2021-2022. Alemania, Francia y el bloque nórdico aceleraron en mayo sus planes de almacenamiento estratégico para el invierno 2026-2027, conscientes de que el doble frente Ucrania-Ormuz podría coincidir con una temporada de frío de alta demanda.

Zelensky exige más defensa aérea; Rusia acelera producción de drones

Ante la magnitud de los ataques, Zelensky intensificó sus pedidos de refuerzos en defensa aérea a los socios occidentales. Ucrania necesita sistemas capaces de interceptar simultáneamente los drones Shahed —fabricados en Irán bajo licencia rusa y producidos ahora en territorio ruso a un costo de apenas USD 50.000 cada uno— y los misiles balísticos e hipersónicos más costosos y de mayor velocidad. La Fuerza Aérea ucraniana reportó índices de intercepción del 80-85% en los ataques de mayo, pero incluso ese nivel de éxito defensivo deja pasar decenas de proyectiles en cada oleada masiva. Rusia, por su parte, aceleró la producción de drones de ataque: informes de inteligencia occidental situaron la producción mensual rusa en más de 3.000 unidades Shahed a partir de enero de 2026, con participación de técnicos iraníes en las líneas de ensamblaje instaladas en la región de Tatarstan. La asimetría de costos es brutal: interceptar un dron Shahed requiere munición cuyo costo es entre 5 y 20 veces superior al del proyectil atacante. Y con más de 1.560 drones en 48 horas, incluso la mejor defensa aérea del mundo tiene límites.